León Felipe Sánchez

Un loco y su mundo

En todos lados se cuecen habas

Hoy recibí la llamada de un muy buen amigo que recién llegó de un viaje por España. Mi pregunta era obvia…¿Cómo te fue?

La respuesta la verdad es que no me la esperaba. Inmediatamente me dijo “muy mal mi León” y entonces me contó su historia de terror madrileña.

Resulta que el día anterior a que regresara a México decidió ir con su esposa a una discoteca que se llama La Kapital (No estoy seguro de que así se escriba. Yo estuve ahí hace 10 años). Ya en la discoteca, su esposa y él se separaron. De repente llegó el personal de seguridad y sin más lo sacaron de la discoteca y le dijeron que ya no podía estar en el lugar.

Él trató de averiguar porqué lo estaban sacando pero según me cuenta no le dieron ni oportunidad de argumentar en su favor ni nada. Simplemente lo sacaron. Él estaba completamente sobrio, no había tenido ningún tipo de problema ni nada. Su error fue traer un reloj muy costoso puesto y a la vista.

En el momento en que lo sacaron, tres sujetos lo abordaron y se lo llevaron. Lo subieron a un coche y lo golpearon para robarle el dinero que traía y sus tarjetas de crédito y débito. Dentro del coche y después de golpearlo, dice mi amigo que sintió un piquete y a continuación comenzó a sentirse mal hasta que perdió el conocimiento.

La escena que sigue es que se despertó en un hospital, golpeado, con la ropa rasgada, sin cartera y obviamente sin reloj.

El doctor que le atendió le dijo que le habían inyectado una droga conocida como BZD. Según los análisis que le practicaron, la dosis que le inyectaron fue bastante fuerte y en consecuencia sus riñones estaban saturados por lo que iba a tardar al menos tres días en desintoxicarse y volverse a sentir bien.

Mi amigo me dice que se sentía como si hubiera agarrado una borrachera de 4 días. Mi amigo le preguntó al doctor si había visto un caso así anteriormente y le dijo que si. Que incluso una vez llegó al hospital a punto de morir un turista al que le habían extraído los riñones y en otra ocasión llegó otro paciente al que le habían “vaciado” un ojo por resistirse a que le quitaran su reloj.

El doctor le dijo que si deseaba denunciar lo que le había pasado él con mucho gusto llamaba al ministerio público (me imagino de la guardia civil) par que hiciera su denuncia. Mi amigo estaba tan asustado que prefirió no meterse en más problemas y optó por no denunciar. A mi se me hizo muy fácil decirle que había hecho mal en no denunciar pero ya poniéndome en sus zapatos, la verdad es que tal vez yo hubiera reaccionado igual.

Ya en mejor estado, salió del hospital con dirección a su hotel. No me explicó como pagó la cuenta del hospital ni como llegó a su hotel. Al llegar, lo único que encontró en el mostrador principal fue un recado de su esposa diciéndole que ya se había regresado a México y le había dejado su boleto de avión y su pasaporte con el encargado.

Su esposa, cuenta él después de haber regresado a México platicado con ella, pensó que él se había salido con otra mujer de la discoteca y la había dejado ahí. Obviamente casi le cuesta el divorcio. Pero esa parte de la historia viene más adelante.

Al ver que lo único que tenía era su boleto de avión y su pasaporte, decidió irse al aeropuerto. Pudo llegar gracias a que uno de los botones del hotel le regaló un boleto del metro al ver su desesperación.

Ya en el aeropuerto se presentó en el mostrador de la aerolínea (creo que Aeroméxico) y le dijeron que no podía abordar el avión en el estado en que se encontraba. Le pidieron que cuando menos se comprara una camisa para poder subir al avión. Él les explicó lo que le había pasado y que no tenía dinero para comprarse una nueva camisa y a la gente de Aeroméxico como que no les importó mucho porque no lo dejaron subirse al avión.

Después de enojarse, argumentar, gritar, etc. una persona se le acercó y lo llamó por su nombre. Resulta que la persona que se le acercó había sido su alumno en la licenciatura. Ahora esta persona trabaja en una empresa que tiene que ver con servicios de inteligencia de varios países. Mi amigo le contó su experiencia y esta persona le dijo que tenía que abordar el avión de regreso a México pero que lo podía ayudar con dinero al menos. Así pues le dejó algo de dinero y abordó el avión.

Ya con dinero, mi amigo habló a México, pidió que le ayudaran a solucionar un par de cosas pero igual no se pudo subir ya en ese momento al avión. Al cabo de unos minutos vio que la persona con quien se había encontrado había bajado del avión. Lo había visto tan mal que decidió quedarse para ayudarlo.

Después de esto, mi amigo y su amigo se quedaron un par de días más en Madrid para que mi amigo se recuperara y después volvieron a México.

Ahí no habían acabado los problemas de mi amigo. Llegó a su casa y sus cosas lo estaban esperando empacadas y listas para que se fuera. La esposa le estaba pidiendo el divorcio. Afortunadamente ella si escuchó lo que mi amigo tenía que contarle y obviamente mi amigo le enseñó los análisis, los golpes que aún no sanaban, los reportes de las tarjetas al banco, las operaciones que aparecían en los estados de cuenta de las tarjetas, el ingreso y alta del hospital, etc.

Hoy se reía de lo que le pasó. Yo pienso que fue muy afortunado y que en realidad le salió barato. No pasó del reloj, una cantidad fuerte de dinero que sacaron de sus tarjetas y la recuperación por la droga que le inyectaron. Pero al final hoy está en una sola pieza y de regreso en su casa.

Su reflexión fue, entre otras, que lo que nunca le había pasado en México le fue a pasar en España. El reloj que motivó todo lo había utilizado varias veces en México y nunca le había pasado nada. Desgraciadamente hay gente mala en todos lados y a él le tocó encontrarse con ella en Madrid.

En: Internacional, Sociedad — October 24, 2007

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