Software ¿Libre o de Elite?
Me considero un defensor de la apertura a la información y las tecnologías. Respeto profundamente y promuevo los derechos de autor y la facultad que tienen estos para decidir sobre el destino y forma de distribución, reproducción y uso de sus obras. Por lo mismo, me parece excelente el movimiento del FLOSS, sin embargo, creo que es víctima de una gran paradoja.
Como bien lo establece su filosofía, se trata de “Software Libre” pensando en la palabra “libertad”. En el idioma inglés son un poco más específicos al aclarar este concepto ya que el significado de “free” puede entenderse también como “gratuito”.
Se dice que un programa es “libre” cuando cumple con las cuatro libertades siguientes:
1.- Libertad para correr el programa para cualquier propósito;
2.- Libertad para estudiar la forma en que trabaja el programa y adaptarlo a tus necesidades. (Se da por entendido que debes tener acceso al código fuente);
3.- Libertad de redistribuir copias del mismo a fin de ayudar a tu vecino: y
4.- Libertad para hacer mejoras al programa y hacerlas del conocimiento público a fin de que la comunidad se vea beneficiada con estas mejoras (aquí también hablamos de código fuente).
He aquí en donde radica la paradoja en la que, desde mi humilde punto de vista, se ve envuelta la filosofía del “Software Libre”.
Las libertades enunciadas, están orientadas, en principio, a un sector reducido de la población. Es obvio que no todo mundo tiene acceso a una computadora por lo que el universo potencial del “Software Libre” se reduce a aquellos que tienen acceso a una computadora. Es más que obvio que quien no tiene acceso ni siquiera lo va a contemplar como alternativa, por eso, centremos nuestra reflexión en el universo total de gente que efectivamente tiene una computadora a la mano.
Ahora bien, la libertad de correr el programa para cualquier propósito, la tienen prácticamente todos aquellos que tengan una computadora y posean conocimientos básicos para instalar y correr cualquier programa. Puede parecer ridículo, sobre todo para los más apasionados defensores del “Software Libre”, pero no todos los que tienen computadora saben como instalar un programa y correrlo (De verdad). Esto reduce un poco más el universo.
La tercera libertad, y digo tercera porque más adelante reflexionaré sobre la segunda y cuarta libertades, reduce un poco más el sector que puede beneficiarse con el “Software Libre”. Si reflexionamos sobre la cantidad de gente que sabe instalar y correr un programa, nos daremos cuenta que son casi los mismos que saben hacer una copia del mismo para redistribuirlo. En este sentido el universo que nos quedaba, puede que no se vea tan disminuido como el que nos quedó del universo potencial original al universo filtrado tras cumplir con la habilidad que necesitas para ejercer la primera libertad, sin embargo, seguramente sufrirá una pequeña disminución.
Aquí viene el bajón importante. Para poder ejercer la segunda libertad, muy pocos tienen la habilidad y los conocimientos para poder estudiar un programa y su funcionamiento. Menos, aún que los primeros, tienen la misma capacidad para poder acceder y saber interpretar el código fuente del mismo. Prácticamente se nos reduce el universo a aquellos que han estudiado alguna ingeniería en sistemas o son programadores empíricos natos.
Finalmente, suponiendo que eres de los contados eruditos que tienen las habilidades que hemos venido mencionando, tienes también que tener creatividad para poder ejercer la cuarta libertad y proponer así mejoras al programa para hacerlas del conocimiento del público en general y que las mismas le sean útiles a la comunidad.
Así pues, me pregunto ¿Quienes y cuantos pueden ejercer las libertades que otorga el “FLOSS”? Desde mi perspectiva el concepto de “libertad” debe ser general y basarse en su naturaleza y no nada más en su definición.
No tengo nada en contra de este movimiento. Muy por el contrario, lo aplaudo y lo impulso, sin embargo, como comencé diciendo, creo que es víctima de una gran paradoja….A pesar de tener la filosofía de libertad como fundamento, su naturaleza lo hace sumamente elitista debido a que únicamente un sector extremadamente reducido de la población pueda, efectivamente, ejercer las libertades que el mismo otorga. Paradójico ¿no?
Hoy el día comenzó más o menos tarde porque ayer salimos un momento a conocer la vida nocturna Bonaerense. En resumen, nada del otro mundo, salvo la proporción de hombres-mujeres en el antro. Había como 5 tuercas por cada tornillo (si y todas como muñequitas).
En fin, el domingo es de fútbol (escrito en argentino). En los hoteles te ofrecen un paquete para que vayas al estadio perfectamente resguardado y a lugares con una excelente ubicación respecto de la cancha. El costo es de unos 43 dólares americanos e incluye el traslado del hotel al estadio y de regreso, entrada al partido en plateas preferentes a nivel de palco, guía en español y acreditación de periodista extranjero para salir pronto del estadio.
Si creen que en México somos apasionados con los partidos de soccer, han vivido en el error. Ni el clásico de Televisa América-Chivas tiene un impacto como el partido al que asistí. La cita era a las 4 de la tarde. Los contendientes: River Plate contra Independiente. Las porras hacen que verdaderamente se prenda la gente y se desborde la pasión. Si alguna vez han tenido la oportunidad de ver a “La Perra Brava”, magnifíquenla 5 veces y podrán alcanzar algo cercano a lo que me tocó vivir en el estadio del River.
Desde antes de comenzar el partido hasta que terminó, la porra no dejó de cantar y vitorear a su equipo. Cuando digo no paró me refiero a más de 100 minutos de incansable vitoreo.
Terminando el partido fuimos a casa de nuestro buen amigo 